top of page

¿Qué nos dice la neurociencia sobre la consciencia y el suicidio?

  • Foto del escritor: Flor
    Flor
  • 18 jul
  • 2 min de lectura

Cuando una persona expresa que "ya no quiere seguir viviendo", solemos interpretar sus palabras desde nuestra propia mente, una mente que todavía puede imaginar alternativas ante las circunstancias que estamos atravesando.


Sin embargo, la investigación en neurociencia muestra que, bajo estados de sufrimiento psicológico intenso, el cerebro cambia profundamente su forma de procesar la información.


Lo que desde fuera parece una decisión incomprensible, desde dentro puede experimentarse como la única salida posible. No porque realmente no existan otras opciones, sino porque la capacidad de percibirlas se encuentra gravemente limitada.


Diversos estudios en neuroimagen han observado que los estados depresivos graves, la desesperanza y el estrés prolongado alteran el funcionamiento de regiones como la corteza prefrontal, responsable de la planificación, la regulación emocional y la flexibilidad cognitiva, así como de circuitos que involucran la amígdala y el cíngulo anterior, relacionados con la respuesta al miedo, el dolor emocional y la toma de decisiones.


En estas condiciones, la consciencia se estrecha: la atención queda absorbida por el sufrimiento, disminuye la capacidad para imaginar futuros diferentes y el cerebro pierde parte de su habilidad para generar soluciones nuevas.


Desde la experiencia subjetiva, el dolor deja de sentirse como algo transitorio y comienza a percibirse como una condición permanente de la que parece imposible escapar.


Esta comprensión cambia profundamente la forma en que debemos acompañar a quien está sufriendo.


No se trata simplemente de convencer a la persona de que "hay motivos para vivir" o de ofrecer consejos bien intencionados.


Cuando el cerebro ha perdido flexibilidad y la consciencia se ha reducido al sufrimiento, lo primero que necesita no son argumentos, sino presencia, regulación y vínculo.


La evidencia científica muestra que una relación humana segura y compasiva puede actuar como un regulador externo del sistema nervioso, permitiendo que, poco a poco, la persona recupere la capacidad de pensar con mayor amplitud y vuelva a percibir posibilidades que antes permanecían ocultas.



El neurocientífico chileno Francisco Varela logró tender un puente entre ciencias de la vida, mente y contemplación.
Propuso que la consciencia no puede comprenderse únicamente observando el cerebro desde fuera.
Planteó la neurofenomenología, un enfoque que integra la actividad cerebral con la experiencia vivida de la persona.
Desde esta perspectiva, comprender el sufrimiento exige escuchar cómo es experimentado desde el interior y no sólo describir sus correlatos biológicos.
Esta mirada resulta especialmente valiosa cuando acompañamos a personas que han perdido el deseo de vivir: antes de reducirlas a un diagnóstico, nos invita a comprender el mundo que están habitando y a reconstruir, junto a ellas, nuevas posibilidades de sentido.

Es así que mi acompañamiento del sufrimiento profundo es desde una mirada integrativa, para contribuir a que juntos desarrollemos una Cultura del Buen Vivir y del Buen Morir.



Con amor,

Flor 🪷



Llamada con Flor
30min
Reservar ahora

Counseling Espiritual
CLP 45,000.00
45min
Reservar ahora

 
 
 

Comentarios


bottom of page