
Hola
Mi nombre es Flor y agradezco tu interés por llegar hasta aquí para transitar consciente hacia el final de la vida.
Todo sobre mi
Soy psicóloga titulada con formación en psicoanálisis y una práctica que integra filosofía existencial, artes contemplativas y sabiduría intercultural.
Acompaño a las personas que buscan mirar su mundo interior con profundidad, reorganizar sus prioridades y cultivar una vida más significativa y plena.
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Mi enfoque parte de la comprensión de que el sufrimiento no es un error, sino una señal; y que la consciencia expandida —no la evitación— abre puertas a una vida más rica, coherente y sostenida por una presencia interior sólida.
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A través de sesiones individuales, espacios comunitarios y talleres vivenciales, ofrezco un acompañamiento serio, humano y profundo, diseñado para quienes no se conforman con respuestas superficiales.
¿Quieres ir más profundo?

Tenía nueve años cuando enfrenté por primera vez una pérdida que cambió para siempre mi manera de mirar la vida. Era mi hermano mayor.
Su ausencia no sólo interrumpió mi infancia: abrió una pregunta que nunca se cerró del todo y que, con los años, se transformó en vocación.
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Ese primer quiebre vital marcó el inicio de un camino que no fue lineal, fácil, ni cómodo.
Elegí estudiar Psicología y me titulé en 2007, convencida de que comprender la mente humana era una forma de darle sentido a esa experiencia temprana.
Sin embargo, muy pronto entendí que el sufrimiento humano no se explica únicamente desde los libros ni se resuelve desde teorías aisladas.
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Mi formación real comenzó en el encuentro con otros: acompañando procesos de crisis, escuchando historias atravesadas por el dolor, la culpa, el miedo y la búsqueda de sentido.
Descubrí que, más allá de las diferencias individuales, existe una pregunta común: cómo vivir cuando la vida deja de ser obvia.
Con los años, mi camino académico se fue entrelazando con una búsqueda interior más profunda.
Viajé al otro lado del mundo no para adoptar creencias, sino para aprender prácticas vivas. Pasando por Oriente, en India, Nepal, Tailandia y la región del Himalaya conocí tradiciones que me enseñaron algo esencial: la consciencia no se desarrolla sólo comprendiendo, sino habitando el cuerpo, la respiración, la energía y la emoción como una totalidad.
La meditación, el yoga y las prácticas contemplativas no llegaron a mi vida como disciplinas externas, sino como herramientas de integración.
Aprendí que cuando cuerpo, mente y emoción se escuchan mutuamente, la experiencia humana se vuelve más amplia, más honesta y menos fragmentada.
Ese aprendizaje se profundizó de manera radical acompañando a mi madre durante más de veinte años de hospitalizaciones y procesos críticos. Estar a su lado en ese tiempo fue una escuela silenciosa.
Vi un cuerpo agotarse y, al mismo tiempo, una presencia mantenerse íntegra. Aprendí que sostener no es aferrarse, que amar no siempre implica luchar, y que la dignidad puede habitar incluso en los momentos más frágiles.
Cuando finalmente se fue, comprendí algo que hoy atraviesa todo mi trabajo: no desaparece lo esencial; se transforma la forma de presencia.
Desde entonces, cada acompañamiento que realizo está atravesado por esa enseñanza.
Vengo de una familia chilena de clase media, con luces y sombras. No hablo desde un pedestal ni desde una espiritualidad idealizada. Hablo desde una vida atravesada por experiencias reales, por estudio riguroso, por práctica sostenida y por una decisión consciente de no huir del dolor, sino de escucharlo, habitarlo y atravesarlo conscientemente.
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Hoy integro psicología profunda, filosofía existencial, artes contemplativas y sabiduría intercultural en un enfoque que no busca respuestas rápidas ni consuelo superficial.
Mi trabajo no se basa en dogmas ni promesas; se basa en presencia, palabra y experiencia compartida.
No acompaño desde la teoría.
Acompaño desde haber mirado de frente los límites de la vida y haber descubierto, ahí mismo, una fuente inesperada de sentido, amor y lucidez.
Porque cuando dejamos de vivir como si el tiempo fuera infinito, algo esencial se ordena.
Y es ahí donde comienza una forma más consciente, más humana y más verdadera de estar en el mundo.

Mi enfoque
de acompañamiento
Mi trabajo consiste en ofrecer un espacio seguro, serio y profundamente humano donde puedas detenerte, escucharte y reorganizar tu mundo interior con mayor claridad y presencia.
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A través de un acompañamiento personalizado —presencial y online—, prácticas de atención, meditación y movimiento consciente, acompaño procesos de integración emocional, corporal y energética.
El objetivo no es “mejorar” a la persona ni llevarla a ningún ideal, sino ayudarla a habitar su experiencia vital con mayor coherencia entre lo que piensa, siente y vive.
Este enfoque entiende al ser humano como una unidad: cuerpo, mente, emoción y energía no funcionan por separado.
Cuando estas dimensiones se reconectan, emerge una forma distinta de calma: no como ausencia de dificultad, sino como capacidad de sostener la experiencia con mayor amplitud y lucidez.
El acompañamiento que ofrezco no busca evasión ni respuestas prefabricadas.
Es una invitación a salir del piloto automático, a cuestionar las formas heredadas de vivir y a entrar en contacto con aquello que realmente orienta nuestras decisiones, vínculos y prioridades.
Más que una técnica o un método cerrado, es un proceso de encuentro: con uno mismo, con la propia historia y con el sentido que cada persona va construyendo a lo largo de su tránsito vital.
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